Azucar sin Sal

Azucar sin Sal

martes, 26 de mayo de 2009

Cambios


Porque es ahora cuando más quiero poder masturbar mi corazón, poder olvidarte y por tan solo un instante olvidar que aún estas. Porque quiero al menos por un segundo sentir el placer que me has negado y desbordarme de felicidad a pesar de su ausencia en este momento.
Porque es ahora cuando me doy cuenta que la falta de amor no se soluciona como la falta de sexo, porque no puedo masturbar mi corazón al no engañarlo, al no poder mentirle diciendo que quiero a otra persona cuando en verdad aún sigo queriendo a otra. Porque el corazón hace oídos sordos a los demás e incluso a uno mismo. Porque el corazón se asemeja a un hombre y a una mujer, no se pueden entender, y es que tan solo se puede quererlos en su complejidad y sólo queda rezarle a ese Dios, que por momentos dudo que este, aunque crea fervorosamente en él, a que no nos lastimen al exhibir nuestra vitrina de emociones y sentimientos.

Porque es ahora cuando quiero reír, pero no tengo motivos para hacerlo.

Porque es hora de cambiar y dejar atrás una vida que no era mía, y es ahora donde comienza un cambio que espero que sea para bien, un cambio que me lleva a caminar sólo pero con la tranquilidad de haber dejado ya atrás lo que me hizo detenerme tantas veces ante la oportunidad de ser feliz en diferentes formas. Es la hora de un nuevo cambio que me lleva como primera parada a un congreso de sonrisas :)


Una pastillita para bajar la moral: A continuación quisiera compartir uno de los tantos momentos de ataduras de los cuales me alegro de dejar atrás. Esperando su comprensión y disculpándome por la cursilería y la inocencia me despido.


Terminaste por marchitar
Aquella inocencia que me hizo mirarte
La cual lograba emocionarme,
Apagaste lo que alguna vez fue una ardiente llama de amor,
Un amor que solo trato de cobijarte
Con la esperanza de un futuro eterno,
De un presente continuo y que tendría como final una noche alumbrada por el brillo de nuestros ojos iluminados uno por el otro

Terminaste con la fe que tenía
Secaste la sangre con la que te escribía todas esas frases llenas de amor,
Simplemente apagaste la luz, cerraste u telón,
Dejaste a la mitad la historia entre los dos,
No se volvió a escribir más
No hay más que recuerdos
Los cuales tú olvidaras
Y yo estoy condenado a cargar,
A llevarlos en silencio por las calles de tu felicidad,
Junto a otro quien las haga realidad

Nadie pinta mi camino,
Nadie hace que pueda tener un sentido,
Muchas gracias por haberte para siempre ido,
No se que más pude decir,
Intenté mostrarte una señal que te hiciera mirar más allá,
Darte el valor de una sincera amistad
No funciono para que te pudiera quedar,
Decidiste dejarme acá,
Es tu decisión final.

lunes, 4 de mayo de 2009

Señora de las Cuatro (o cinco) décadas.



“Porque me resulta difícil tratarlas, relacionarme correctamente cuando estoy frente a ellas, porque es simplemente imposible no sentir algo por las mujeres, sean altas o bajas, flacas o rellenitas, agraciadas o poco encantadoras, creías o sencillas, jóvenes o con algunos años por encima, bien despachadas o simplemente nadadoras, cálidas o frívolas.. y la razón radica en que al fin y al cabo una mujer es una mujer.”

Por lo general cuando uno atraviesa por la etapa de la niñez, o en todo caso la pubertad, uno de los primeros amores suele ser el de una encantadora y afectiva prima, pero en mi caso uno de esos primeros amores fue el de una estupenda y magnífica TÍA.
No tendría más de ocho años cuando la vi por primera vez, tan radiante, tan sonriente .. tan ella. Su cabello sedoso, su nariz respingada, sus blancos dientes, su exquisito aroma y su delicada piel. A pesar de las décadas que ya la embargaban, estas no parecían afectar en lo más mínimo su natural belleza exterior, y mucho menos mermar su jovial manera de ser. Cuando me la presentaron supe que dentro de mí por primera vez se albergaba un sentimiento de cariño hacia mi familia, un sentimiento como el que nunca antes había sentido por una mujer… e inclusive fue en ese momento donde descubrí la verdadera esencia de una mujer de verdad.
Su nombre es Celia y su apellido no tiene la menor importancia, su edad siempre la intente adivinar, pero una sonrisa suya me hacía guardar en mis labios la respuesta final. El cariño desbordante me embargaba por completo, y es que su presencia bastaba para que sea el centro de atención en las monótonas y nada emotivas reuniones familiares.
Sus palabras y gracioso acento producto de una estadía en un país extranjero, calaban en lo más profundo de mis oídos que ansiosos ante cada nueva frase no hacían más que prestarle atención a ella.
Su amabilidad y cariño hacia mí me deleitaban y producían un sentimiento de envidia hacia mis primos, que dichosos pasaban los días junto a ella, privilegiados de sus cuidados, caricias, besos y abrazos .. y yo tan lejano, tan insignificante.. tan pequeño.

Hoy a puertas de cumplir 18 años y convertirme en una persona mayor de edad me veo nuevamente expectante ante su nuevo arribo. Después de casi 10 años de nuestro primer encuentro, pero con la misma emoción de aquel día, espero con ansias su llegada, el poder abrazarla y darle un beso en la mejilla. Espero con ansias el volver a tocar su suave piel, y el respirar su exquisita fragancia.
No me importan los estragos de la década que ha pasado, no me importa si ha envejecido, si ha engordado o si es que su apariencia ya se asemeja al de una anciana. No me importa si ya bordea los cincuenta, o la cantidad de arrugas que posee .. lo que me importa es verla nuevamente en frente de mí y sentir lo que aquella vez sentí: el cariño inocente de un niño que empezaba a descubrir que su corazón podía latir.

Considero que la mujer es como el vino, ya que mientras más pasen los años y más añeja sea, es mejor. Gracias señora de las cuatro o cinco décadas por encender la pasión en mí, gracias por hacerme descubrir que mi corazón podía latir, que podía sentir de tal manera que ningún escrito, ningún acto puede siquiera hacerme merecedor del cariño de una verdadera mujer.


Y espero en sueños ver tu cuerpo a contraluz, tener la oportunidad de meter los fantasmas que durante una década me embargaron, de agradecerte en silencio lo mucho que te aprecio, sabiendo que no es más que un amor platónico, que un amor absurdo..

Me siento embriagado de mujeres, sabiendo que no puedo masturbar mi corazón, y con una copa en mano escuchando a Arjona te pido que me acompañes a estar sólo, en silencia y contemplando a la creación más compleja de Dios: las mujeres como tú