Azucar sin Sal

Azucar sin Sal

domingo, 24 de octubre de 2010

La dimensión de la pobreza


No es posible soñar cuando la realidad te obliga a asumir las consecuencias de tus actos, del peso de tus errores y el cambio de actitud a favor de un enderezamiento de dirección. Porque resulta fácil imaginarse otras realidades en las cuales las dificultades ya han sido superadas, pero resulta sumamente complicado hacer frente a las caídas del diario transitar, asumir con decoro las equivocaciones y enmendarlas lo antes posibles. Porque las soluciones no nacen de la imaginación y del estado de gracia, por el contrario, surgen de la precariedad y de la pobreza, del sufrimiento, de las carencias e incluso de la desesperanza. Ya un viejo conocido lo dijo tiempo atrás: “Dichosos sean los pobres porque ellos entrarán en el reino de los cielos”.. y es que no hay frase más exacta puesto que gracias a la pobreza surgen las ideas y actos que hacen posible tocar el cielo y palpar lo inimaginable.
Fotografía: Diana Hidalgo

jueves, 30 de septiembre de 2010

El tiempo de las Higueras


”Y una multitud se alzó de entre los campos de higueras y me obstruyó el techo que me conducía hacia el fruto más dulce. Debido a ello, ahora ya no quedan rastros de lo que alguna vez se cultivó y solo yacen sesgos que impiden cualquier recuerdo.”


Porque no todo puede basarse en la frívola temporalidad de los sentimientos. Porque los polos del “odio” y del “amor” no pueden condensarse en una amalgama de demostraciones que distorsionen una realidad y nuestra relación con nuestro entorno.


Porque resulta fácil sentir con el corazón y “analizar” con la mente, pero pedirle objetividad a quien nos hace latir y compasión a quien juzga nuestros actos, no es una tarea sencilla.


Porque cada individuo fusiona su ayer, hoy y mañana en un solo instante debido a que no existen los tiempos escalonados en la configuración del YO. Porque las personas cambian y lo hacen no solo por acción de ellas mismas, sino por nuestras propias distorsiones de la realidad, ya sea por engrandecimientos o las desilusiones propias de esa maldita temporalidad de las emociones y sentimientos. Porque jugamos a ser el inquisidor de los pecadores y herejes cuando nosotros mismos somos parte de ellos, en una religión llena de dogmas sin sentido ni razón de ser.


Sin embargo, la lucidez llega en medio del desconcierto y es ahí donde dejando de lado la humanidad - y la subjetividad propia del ser humano- en donde nos damos cuenta de la única realidad absoluta: No hay más grande farsa que la verdad a ciegas que podamos decir sobre quienes nos rodean, ya sea sobre nuestros familiares, amigos, compañeros de la vida, etc.

Porque todos somos lo que ayer añorábamos ser. Todos somos lo que algún día despreciamos, lo que en el pasado veíamos como una muestra de decadencia y del más profundo rechazo. Hoy, todos somos justamente eso, la conformación entre el ideal del hombre perfecto y el reflejo de la escoria de la sociedad. Hoy todos somos aquel hombre o mujer sin rostro que es sinónimo de repudio o de éxito. Hoy todos somos aquel cúmulo de habladurías de quienes nos conocen a cabalidad o simplemente de aquellos que hablan por la primera impresión. Hoy, por fin nos vemos como el lienzo terminado por aquel timorato pintor inexperto que temía por su obra terminada. Hoy nos vemos desnudos ante el escenario de la vida, de aquella vida que se nos muestra rauda, feroz, intimidante. Hoy nos mostramos ante aquella vida deslumbrante, llena de amor, de amistades, de sorpresas, de ilusiones y sueños que aparecen tras cada minuto de vida.

"Me pongo de pie y vuelvo a reconstruir nuestra última procesión donde nos prometimos en medio de caricias que volveríamos a reencontrarnos al pie de las higueras que colindaban con aquel farol que fue testigo del último juego de nuestros labios."

Fotografía: Luciana Gonzalez-Polar

sábado, 24 de julio de 2010

Y la pluma se secó

Porque es ahora cuando pienso dejar lo único que me aferraba a la vida.
Porque ya no hay nada qué escribir.
Y es ahora cuando se cierra una etapa en "algo que no se puede llamar vida".


Y las musas han caído una tras otra sin que el artista pueda expresar ya sentimiento alguno. Sin tinta para escribir, ni una dedicatoria para culminar una obra, el artista ha muerto en vida. Colgando su alma en un viejo perchero, su abatido y pesado cuerpo se presta a salir de sus aposentos porque ya no le quedan más personas en quienes pensar para lograr concebir nuevos seres o nuevos escenarios. Todas las musas han caído y sus cuerpos cubren por completo el piso parqué del departamento 126. Sí, ese piso parqué que alguna vez albergo mil y un bailes al sonido melodioso de las voces de aquellas mujeres que lo habían hecho feliz en esta tierra maldita. Siendo incapaz de amar, aquel artista había logrado masturbar su corazón gracias a la ternura que las musas le otorgaban en medio de sus catarsis a las 6 y cuarto de la tarde. Durante los 7 días de la semana aquel artista tocaba el cielo y sentía que Dios realmente existía. Durante su cuarto de hora bendito podía amagar a su destino y sentirse un hombre libre dentro de Soacha.


Sin embargo, ahora que abre los ojos y se da cuenta de la realidad, tiene que admitir que palpita por última vez. Las musas han caído y la sangre todavía se escurre lentamente de sus cuerpos inertes. Las pieles color canela, cobre, y negro azabache poco a poco empiezan a cubrirse de un púrpura propio de un anochecer en Soacha. Aquellas miradas enternecedoras son ahora un triste vacío que sólo refleja el más allá. Ya no existirán mas carisias ficticias, ni declaraciones propias de un ser que necesitaba amar.


Las musas han caído y el artista se encuentra ya sin emociones. La tristeza le había dado paso a la resignación, la alegría se había esfumado con la utopía de la esperanza, y el odio se había convertido en una pálida indiferencia. Las musas han caído y el artista es incapaz de reaccionar.


Y es ahora donde la imagen de los cuerpos voluminosos - donde el peso y la estatura actuaban como adecuados afrodisiacos- no será necesaria para que el artista pueda embarcarse en el placer de la masturbación, acción que le es necesaria para tallar sus esculturas, escribir sus versos o pintar sus cuadros. Hoy, cuando ya no hay más cuerpos que mirar debido a que ya todas las mujeres se fueron, el artista se queda con la mirada fija en el único recuerdo que tiene de ellas: las prendas baratas que había comprado meses atrás para colocarlas en los maniquís de segunda mano que adornaban su sala y comedor. Las musas se fueron una tras otra y dejaron a un hombre cuerdo en un campo sin lógica donde los lápices se yerguen como árboles eternos, los relojes se alzan como estrellas majestuosas, todos indicando una hora diferente pero otorgando un ordenado tic tac que llena cual cántico de los grillos la atmósfera del día.


Las musas han partido dejándolo en medio de un mar de bilis, renegando por la homogeneidad que sacude su vida a cada instante. Ahora es impensado que presente alguna señal, por más mínima que sea, de aferrarse a alguna ilusión de transformación o tal vez, y por qué no, de sublevación ante la decadencia que lo cubre. Las musas se habían ido y ya no quedaba ni el más mínimo recuerdo del gran artista que había sido.


Fotografía: Luciana G.P

domingo, 16 de mayo de 2010

El fruto de Teresa


Sus manos pasaron lentamente por las blancas sábanas que la envolvían. Abriendo los ojos visualizó un cielo color lavanda que cubierto a medias con hileras de nubes le daba la bienvenida a una nueva jornada. Una leve sonrisa a medias se esbozó sobre su tierno rostro que aún conservaba la tranquilidad de su sueño. Estaba despierta pero aún inmersa en la telaraña de sus pensamientos que conservaban tintes de abstracción propios del mundo de Morfeo.


Una amalgama de tenues luces se traslucía por la mampara de su habitación invitándola a despertarse por completo de sus sueños, confabulando para levantarla de sus aposentos y lograr que se pusiera de pie. La tarea era difícil y es que toda la legión de seres que nacían por obra y gracia de sus pensamientos no estaban dispuestos a dejar partir a su Creadora. Además, existen días en los que dormir significa abrirse a la realidad, y en los que despertarse significaría estar dentro de una ficción. Ella no estaba dispuesta a vivir una mentira más.


Quien puede atreverse a señalar con absoluta seguridad que aquel amanecer no es parte de un siniestro juego de parte de nuestros sentidos que intentan cautivarnos para lograr sentir placer ocasionando así la masturbación de cada uno de nuestros miembros. Es por eso que su cuerpo se resistía a moverse, a complacer a la naturaleza, a sus sentidos. Si nadie era capaz de complacerla ¿porqué tendría ella que hacerlo?


El reloj que se encontraba a su mano izquierda se había paralizado, como la imagen de la noche anterior en la que sintió que era capaz de amar y volver a confiar. En esa noche hermosa, sin luna, ni sol, ni estrellas que estorbaran la inmensidad de la nada, sintió que la idea acerca que un beso no es suficiente, o su posterior caricia, le eran sinónimo de masoquismo. Aquella noche sintió que más que nunca quería besar y abrazar como antaño, cuando no había límites ni restricciones con sus emociones, cuando la vedas y desconfianzas al querer no existían. Y en medio de aquella noche solitaria pensó: Debe haber aquí más de una persona que prefiera la noche fría y sola, o la fría pero no tan sola.


Y de nuevo estamos en la cordillera de picos de tela que se extienden en un océano blanco como el algodón que recubre su techo, asemejándose al cielo que muchos han tratado de alcanzar inútilmente. Su cuerpo yace en silencio, y su mirada de pierde aún en ese cielo color lavanda que le recuerda la libertad que posee. Un prurito empezó a brotar desde el interior de su delicado cuerpo, un ardor proveniente desde el núcleo de su corazón empezó a devorar los rezagos de su cansancio, de su desgano. Sus ojos se abrieron por completo, sus pechos se alzaron como picos provenientes del Himalaya, su suave y perfecta piel adquirió un matiz cobrizo propio del Colorado. Y los demonios y ángeles salieron de ella despojándola de lo que hasta ese momento era. Se habían ido dejándola con una nueva vida. Es así que tomando su cámara decidió por aventurarse a las tierras de la Habana, del Cristo Redentor que todo perdona, solo con el deseo de captar con su lente las emociones, pasiones y sueños del legado de Adán. No necesita una mochila de provisiones pues ella ahora viviría de lo que la vida le otorgaría. No era necesaria una agenda programada ni mucho menos, pues los minutos, las horas, y los días equivaldrían igual.

En medio de la arena, el aroma de las novelas de Jorge Amado, las pingas y los fantasmas que atormentaron a Teresa Batista cansada de Guerra, aquella fotógrafa miraba con admiración y nostalgia los trazos de un cielo ya no lavanda sino azulado que empezaba a teñirse en el más allá de un negro comparable solo con vacío de sus ojos. Entonces pensó: Esta noche quiero sentir tus manos calientes y ansiosas, quiero que amanezca y estés aún dormido en mi pecho porque sola soy yo y contigo soy solo la mejor parte. Porque quiero imaginar que puedo querer y no olvidar, porque puedo olvidar y seguirte recordando. No había un cuerpo que una a esas manos, mucho menos un rostro al cual mirar. Tan solo era el deseo de sentir aquella presencia confortante que no era capaz de encontrar.


La habían visto por Bahía, Paraná y Río, de igual manera por las prisiones donde anduvo el Ché Guevara, siempre con la misma mirada perdida en el más allá, en el cielo color pan de oro que se alzaba en las tierras de la guerra del fin del mundo. Siempre con su cámara recorrió los caminos más inhóspitos buscando retratar la pureza del hombre. No necesitaba alimento ni mucho menos algo que beber. Su maná eran las sonrisas de los niños que corrían desnudos por los afluentes de los ríos de la zona, la felicidad de las jóvenes madres al amamantar a sus recién nacidos. Su maná era la satisfacción por sentirse viva realmente, la satisfacción por haber salido de su habitación, abrir la ventana que le reflejaba aquel cielo lavanda que creía mentira y aventurarse sin pena alguna hacia el país de las maravillas. No era Alicia, ni mucho menos, tan sólo era una fotógrafa que deseaba retratar la verdadera esencia del cielo.

Porque había dejado atrás las mentiras, a los hombres hechos de meras promesas, y sobre todo aquellas amistades interesadas y momentáneas.
Fotografía: Luciana Gonzalez - Polar

sábado, 10 de abril de 2010

Brindemos


Embriaguémonos en la felicidad que significa perdernos en este jolgorio que celebra nuestra partida. Brindemos por el nuevo trayecto que cada uno de los presentes ha decidido trazar, recordando claro está a los amigos con quienes compartimos este momento, a quienes no están más, a nuestras familias, y a todas las mujeres que nos hicieron trascender más allá de una mañana en la cama, una tarde contemplando el atardecer, o una noche en la cual no quisimos ser ajenos al amor.


En esta noche de copas rotas, de canciones sin letra alguna y melodías inciertas, situados todos entorno a esta mesa, nos miramos por última vez como jóvenes ilusos que contemplan una larga vida, y que ahora se ven en la obligación de dar paso a una mirada difusa que contemplará a un grupo de adultos obtusos, pecadores y desorientados frente a la vida. La mayoría de los presentes nos hemos visto en los últimos meses enclaustrados a trabajos, atados a las nuevas responsabilidades que han ido apareciendo periódicamente en nuestra vida. De igual forma, nuestras múltiples ocupaciones no han ido más que moldeando nuestro nuevo Yo, que por cierto es totalmente ajeno al Yo de antaño, a ese Yo que conocimos, y del cual nos sentimos nostálgicos al contemplar al nuevo.


Tampoco somos ajenos al tema del amor, ese amor que ha pasado de ser una aventura de un par de meses antes de volver a comenzar de cero. Ese amor ha pasado de ser el deseo por más de una mujer a la valoración de una en particular. Justamente esa única mujer se ha convertido en la única compañera de nuestro diario, ha pasado a ser nuestro primer pensamiento en la mañana, y la última palabra antes de finalizar la noche. El tiempo se ha venido a menos, las horas se esfuman al igual que nuestras amistades. Ahora aparecen los nuevos compañeros de turno, los del instituto, los de la universidad, quizá los de la parrando si tenemos suerte de contar con algunos días de descanso.


De pronto estamos acá, sin nada que agregarle a lo que hemos hecho de nuestras vidas. No hubo un pretexto para vernos, ya que es probable que hayamos atendido a la necesidad de cumplir con la obligación de despedir tantos años de amistad con una noche de copas rotas, escuchando como un pianista toca sin sus manos un piano al que le faltan las teclas. No importa cual fuera el día ni el lugar, aquí estamos todos reunidos por última vez, no porque se acabe el mundo sino porque entramos a la madurez, a la etapa en la cual abandonamos nuestros sueños, nuestras ilusiones, nuestras verdaderas amistades.


Le pedí a Luciana que por favor enmarcara el momento tomando una fotografía a blanco y negro, pero lamentablemente nunca respondió. Es entonces cuando todos al mismo tiempo se apartaron de la silla y poniéndose lentamente de pie contemplaron por última vez la oscuridad de la noche, escucharon el eco de nuestras voces infantiles, vieron reflejado en la inmensidad del cielo nuestros momentos de gloria y decepción. No hubo fotografía y menos una despedida. La puerta se abrió de golpe y uno a uno fue desfilando por el umbral de la puerta. Es en ese momento, donde descubrí que quienes me acompañaron en la mejor etapa de mi vida, iban dando paso a una nueva etapa de mi vida, al mismo tiempo que el pianista terminaba de tocar las últimas melodías del día.


Si bien el año nuevo empezaba, un ciclo daba las señales del fin de su existencia. Dentro de poco ni los recuerdos sobrevivirán, y mucho menos habrá quien rememore lo vivido. Lo que sucede no es una despedida, tan solo la continuación del ciclo de la vida que nos obliga a brindar con resignación o felicidad los cambios que se dan en medio del día, o en mitad de la noche, cambios que quisiéramos que se den imperceptiblemente, pero que sólo unos cuantos tienen la dicha de que suceda en verdad.

Fotografía: Luciana González Polar ( La Garota Sexy de la UPC)

lunes, 8 de marzo de 2010

Nuestro inicio y fin



Inspirado en todas aquellas musas a quienes amo, ultrajo y pido perdón en mis sueños. A todas aquellas pasiones que se ocultan dentro de mí y salen a la luz cuando pierdo el miedo a decir lo que en verdad siento. A todas aquellas mujeres que me inspiran en este día.


Porque moriré mañana aunque no sepa que pasará
Porque tu figura me dio un adiós disfrazado en un vil hasta luego que se oculto con la caía de la noche y en tu sonrisa hipócrita que es capaz de enamorarme y hacerme perdonar este nuevo desplante.


Porque en unos meses volveré a encontrarte y es allí donde actuaré como si no hubiese pasado nada, olvidando tu ingratitud, tu falta de honestidad, tú falta de cariño, todo por volverte a tener cerca de mí.


Los locos entonces dictaran clases de cordura mientras los ciegos contemplarán las obras hechas por los mancos que pintando con sus suaves manos adornan con trazos de todo calibre nuestro paisaje enternecedor.

Satán entonces sentado en el cielo con Dios y su corte de ángeles proclamarán nuestra unión perpetua sumidos en el más grande júbilo, mientras Tú y Yo desencadenamos una orgía de amor, donde riachuelos de tu sangre virgen se pierden en los caminos que me llevaron una y otra vez hacia ti


El pasado coqueteara burdamente con el presente para tratar de olvidar los rezagos de tristeza que aún se hacen presentes en la atmósfera en este día del fin del mundo.
La gente confundida aplaude, ríe, llora, al ver nuestra escena que muy lejos de ser impúdica revive lo que fueron Adán y Eva en el paraíso. Los tiempos confluirán en un huracán de recuerdos, predicciones, y hechos los cuales a su vez traerán consigo a todo el ejército de mortales que pasó, pasa y pasará en la tierra. Las razas se erguirán con distintas cabezas bajo un mismo cuerpo, el cual emergerá fruto del amor que nos tenemos, un amor que eclipsará el día dejándolo en penumbras.


Por último en medio de esa oscuridad me daré cuenta que esta no fue más que una nueva pesadilla con tintes de sueño en la cual te haces presente para recordarme lo alejados que estamos y que estaremos hasta el final de los tiempos, a pesar de mis intentos por atraparte y tener por siquiera unos segundos en la realidad, en esa mixtura de miserias y alegrías que compartimos aunque no lo desees y yo si.

sábado, 13 de febrero de 2010

Teoría del Querer

“Y es que ayer pude reír gracias a ella, sentirme querido y amado tras cada beso y caricia que me daba. Con ella pude aprender a descubrir lo que es el querer, y lo que es más valioso: el ser apreciado más allá de un instante efímero que se diluye al atardecer del día.
Ahora en medio de un rompimiento solitario imagino cada minuto que pasamos, cada instante agradable, cada pelea absurda como el porqué de mi existencia. Ahora puedo estar seguro que te quise realmente, en medio de una frase que comenzó con la letra inicial de tu nombre, esa letra que nos unió y que ahora queda erguida en medio del horizonte vacío que significará mi vida de aquí en adelante.”


- Frase construida en el instante mismo en el cual se confirmaba un hasta pronto que daba paso a la seguridad del haber experimentado por breves instantes lo que uno en lo cree que es el amor.


A los pocos minutos, luego de un silencio prolongado y un vacío obligado era necesario precisar lo siguiente:


El corazón es un músculo flexible. Al serlo entonces por qué no se puede amar con la misma intensidad a dos personas en el mismo instante. Qué es lo que impide soñar con dos personas, amarlas, desearlas y esperar ser feliz con ellas. La exclusividad puede sonar como el paliativo a la afirmación promulgada hace un instante, pero quienes somos nosotros para pedir, mejor dicho exigir ser únicos en la vida de una persona. ¿Tan buenos podemos pretender ser para encasillar a una persona en el acto y en el pensamiento?


El corazón es un músculo flexible, capaz de adaptarse a las distintas sensaciones que podemos experimentar en un espacio y tiempo determinado. Al tener esta capacidad, cómo no imaginar entonces que el corazón sea capaz de albergar en sus dimensiones a dos personas que confluyan en un espacio de armonía y respeto mutuo.


El corazón es un músculo flexible capaz de comportarse y desenvolverse de distintas maneras aún en situaciones similares. Entonces, porqué no pensar que es posible darse íntegro por dos personas al mismo tiempo. Porqué no imaginarnos la posibilidad de decir un te amo a dos personas diferentes pero guardando la misma pasión e intensidad por ambas. ¿Qué es lo que impide tal situación?


Es verdad que por la naturaleza del ser humano, este busca sentirse aceptado y protegido por un grupo. Dentro del mismo empieza a tener vínculos mucho más profundos con sus integrantes, tanto hombres como mujeres. Es allí, donde la atracción por el sexo opuesto sale a flote y la interacción cambia. El trato se vuelve mucho más intenso, y existe un deseo por tener a una persona específica a de una forma exclusiva, que sea totalmente diferente a la de los demás. Es allí donde quizás se pueda explicar la exclusividad en el querer y posteriormente en el amar a una persona, pero también al analizar la naturaleza del órgano humano que hace posible sentir tales emociones es inevitable encontrar una contraparte. El corazón es un órgano capaz de hacernos experimentar sensaciones y emociones que difícilmente podemos explicar con exactitud, el cóctel de palabras que pudieran reflejar en parte dichas reacciones es muy amplio y por ende casi imposible de transmitir a los demás. Al observar y analizar las características del órgano en mención, cómo no pensar que llamada utopía de amar a más de una persona pueda ser más real de lo que podamos imaginar.


Sin embargo, es importante señalar que la situación de la cual vengo haciendo mención líneas atrás no puede ser comparada con la llamada infidelidad debido a que tal acto representa la violación a una promesa o a un compromiso realizado entre dos personas, las cuales se comprometen a mantener un vínculo exclusivo entre los dos. Valga redundar, dichas personas suscribieron un acuerdo en el cual ambos se comprometen a ser únicos (en el tipo de relación que puedan estar manteniendo) para el otro. Mientras tanto el querer o amar a dos personas con la misma intensidad es un acto transparente que implica tener una sinceridad para con uno mismo y para con las personas implicadas. Tal sentimiento no es clandestino, ni se esconde tras un muro o una fachada, por el contrario es expresado abiertamente. No se puede querer u amar si es que se miente.


Es muy probable, casi seguro que mis ideas puedan resultar descabelladas para quienes mantienen o han mantenido una relación muy estrecha con su pareja debido a su mutuo enamoramiento y compromiso exclusivo para con la otra persona. Quien escribe estas líneas es tan solo un joven soñador que comienza a experimentar el sentimiento del querer, viendo aún todavía lejano el amar. Justamente en ese descubrir y experimentar el querer nace la pregunta del porqué no querer u amar a dos personas a la vez.


De igual forma, no quisiera caer en la soberbia de insinuar que soy un individuo que posee tanto amor para dar que tiene todo el derecho para buscar a más de una persona para saciar la necesidad de querer. Tampoco quiero manifestarme partidario del Poliamor y pretender ser un liberal en exceso que considera que tener más de una relación íntima, amorosa que sea duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados sea la respuesta a lo que expuse con anterioridad de ninguna manera. Es sabido que el amor o lo que se cree de él no se puede entender sino sentir, pero cómo sentirlo sino se tiene una idea de él. A lo largo del tiempo, siempre se ha querido encasillar al amor dentro de un conjunto de parámetros que aparentemente intentan demostrar lo que es en verdad, valga decir el matrimonio, la fidelidad, el amor solamente entre un hombre y una mujer, etc etc. Pero, ¿quien carajo puede dar testimonio que esas son las muestras del verdadero amor? ¿acaso solamente si se siguen aquellas arbitrariedades uno puede estar seguro de lo que siente?


Este es quizá uno de los tantos artículos que se han escrito sobre el tema, quizá no sea el idóneo para opinar ni dar algunas conjeturas, pero me resulta intrigante el saber cómo es realmente el origen y el final de muchos bienes y males en el mundo.
Agradecimiento a Luciana González-Polar por la foto del post. Espero que no sea ni la primera ni la última vez que utilice las fotos de la futura mejor fotógrafa del Perú.

lunes, 25 de enero de 2010

Disfruto


Disfruto sufrir al escribir este nuevo post, un post que justamente hablará sobre lo que es el disfrutar las cosas sencillas de la vida, aquellas cosas que pasamos sin percatarnos de lo encantadoras que puedan ser. Con ustedes Disfruto



Disfruto con cada paso que doy, porque sé que en el fondo avancé más que otros, porque tuve un momento de libertad al optar por seguir en este cuento que no me canso de escribir. Disfruto la aventura de avanzar o retroceder, porque tuve la valentía de tomar tal decisión.


Disfruto el besarte y tenerte entre mis brazos Yoyo, acariciarte suavemente mirarte a los ojos, sentir que estoy vivo, que puedo querer de verdad, que practico lo que millones de personas hacen todos los días, y que hasta hace poco sólo conocía en la teoría mas no en la práctica. Disfruto las horas en el jardín, las horas en el columpio que sube cada día más y que pronto ya tocara el cielo sin que este no sea el límite.


Disfrutro el no saber que vendrá mañana, el no saber la fecha de caducidad de mis relaciones de amistad, de amor, de entrega, mis relaciones por compromisos, etc. Disfruto el odiarte y marte al mismo tiempo el día de hoy el saber que mañana no seremos los mismo y que tal vez todo pueda cambiar. Disfruto el saber que mañana nos podremos pelear, y pasado mañana nos volveremos amistad. Disfruto el destino por más Hijo de Puta que pueda ser.


Disfruto el recordarte a pesar que no pueda nombrarte, porque me das la fortaleza en cada instante de mi vida, porque apareces una sonrisa donde no la hay, aceleras mis emociones y cargas de intensidad lo que hasta el momento parece inerte. Gracias por reavivar el amor que pueda sentir, la tristeza que creí olvidar. Gracias por ser la palabra inicial de mi léxico, por ser el punto de partida de mis creaciones, por ser el final de mis pensamientos.


Disfruto el pensar que soy un mortal más, por saber que al menos comparto una característica con mis enemigos, con quienes me odian, por parecerme un poco a quienes admiro, y por tener una semejanza con quienes me quieren a pesar que no comprenda el verdadero significado de aquella palabra.


Disfruto cada caída de la noche, porque es ahí donde puedo esconderme, buscarte y encontrarte, mirarte a la distancia y saber que aún estas aquí. Disfruto el verte a pesar que no lo sepas y desearte en secreto.


Disfruto el extrañarte y aborrecerte por eso, ya que descubro lo necesaria que eres en mi vida. Disfruto el darme cuenta que no hay tiempo que me impida quererte Olivia, y por el contrario disfruto esa sensación de calidez que nace producto de los lugares que nos unieron en medio del asfalto de una ciudad en la que el olvido reina.


Disfruto el ver como creces pequeña niña, disfruto el verte convertida en una mujer decidida, en una mujer libre que goza de su vida y que se encuentra en la plenitud de la misma. Disfruto el contemplar cómo te desenvuelves entre el barullo del diario transitar, tú tan esplendorosa y radiante. Quien te vio pequeña niña, tan tímida y atemorizada por una ciudad nueva, y quien te ve ahora, grande y esbelta, realizada y con un largo trecho por el cual desenvolverte.


Disfruto el saber que continúan caminando conmigo, aquellos 106 más lo que llevo en mi corazón. Disfruto saber que todos avanzan sin importar las dificultades, y por el contrario, disfruto más al observar que se enriquecen en su persona aprendiendo de los errores y añadiendo las virtudes de quienes los rodean. Disfruto aún más cuando cruzamos por un momento nuestro camino y nos sonreímos mientras pasamos delante del otro. Nada volverá a ser igual pero disfruto creyendo que algún día tal utopía ser pueda hacer realidad.


Disfruto el saber que he podido aprender a alguien sin importar las causas y las consecuencias, que puedo no pensar en el mañana y lo que traiga consigo. He aprendido a gozar del momento a sentirme libre y dichoso de lo que tengo y lo que no.


Disfruto el saber que soy inmortal mientras escribió, que hago perdurar un momento en el tiempo. Disfruto saber que vivo para algo, y que se algo me llene por completo. Disfruto el amanecer rodeado de papeles y lápices que me piden ser partícipes del orgasmo de escribir, de calar en el vacío una palabra, una idea, una expresión de la vida. Disfruto bañarme de la tinta y el carbón y de secarme con los versos sobrantes que esperan participar en otro momento.


Disfruto este verano que se asemeja al invierno, ya que vivo la alegría que nace producto de la temporada y me consuelo con la ternura del frío que se hace presente sabiendo que no es su lugar ni tiempo.


Por último, disfruto saber que termino el día sabiendo que tengo alguien en quien pensar, alguien a quien valorar. Disfruto saber que me levantare mañana pensando en esa persona o en esas personas que me hacen ilusionarme con el día y hacer que disfrute la vida.


Disfruto saber que disfrutaste con lo que acabas de leer.


lunes, 11 de enero de 2010

Despedidas


Para quien inspiró el seudónimo de MEGES. Porque te acompaño a pesar de ser uno más.


Porque todo en la vida lleva impreso un sello que indica la fecha de caducidad.
Todo es perecible, frágil ante las tempestades de la vida, ante el paso de los
días, de los meses y de los años. Todo se desvanece en un horizonte que se
agiganta a la espera de llevarnos a nosotros también. El fin es nuestro puerto,
y el olvido nuestro destino.

Porque te despido hoy mi querido y entrañable amigo. Te despido no entre lágrimas, pero tampoco no otorgándote la sonrisa que mereces. Mi rostro sólo es un indefenso lienzo en blanco que se resiste a ser pintado por el barbón que tú y yo conocemos. Quisiera decirte unas palabras, quisiera implorarte que no te vayas, quisiera darte ánimos y alentar su decisión de partir por un destino mejor. Lamentablemente mi viejo y gran amigo, no puedo hacerlo. Mis labios se juntan e impiden que mi boca promulgue un discurso del cual muy probablemente me arrepienta más tarde, cuando tú ya no estés más acá.

Sólo quisiera que me volvieras a hablar para decirte cuánto te aborrezco. Cómo quisiera que te volvieras a mí para decirte con suavidad que significaste la decepción más grande y dolorosa para mi persona. Cómo quisiera que recordaras que aún existo en esta vida, y me buscaras. Al encontrarme, cómo quisiera decirte que detesto aquel día en el que nos conocimos.

La tarde es soleada en el día de tu partida. Quizá esta sea la mejor atmósfera para enmarcar el momento. Tu único acompañante te espera en la sala de embarque. Ella me sonríe tibiamente a la distancia, seguramente impacientada por tu demora mientras observa a la distancia nuestros cuerpos dispuestos en un ángulo peculiar, parados en medio del silencio que existía entre los dos. En medio de dicha escena, los demás pasajeros avanzan a paso lento mientras nos damos cuenta que ese punto final se ha enmarcado en nuestros pensamientos, y en nuestra conversación. Nos contemplamos una vez más, y conteniendo las palabras nos damos un último apretón de manos.

Tu figura se trasluce por las paredes de mi habitación, tu reflejo aparece en las resquebrajadas lunas de mi ventana. Tu rostro se ve diáfano a pesar de los obstáculos que intento colocar inútilmente. Cada mañana despierto con la desventura del saber que continúo pensando en ti, que todavía permaneces instalada en cada pensamiento, en cada actividad del diario. Pero a pesar de todo ello, puede tener la certeza, la convicción de decirte que No volveré mañana, no, pasado tampoco. No me preguntes por el mes siguiente ni mucho menos por el año que vendrá. La palabra década parecerá poco, y el siglo se quedará corto. El futuro se avizorará lejano y el jamás no alcanzaría para cubrir esta distancia. Tu piel no volverá a pasar por mis manos, y tus preocupaciones dáselas a quien se encuentre a tu costado. No preguntes por mí, a pesar que de cuando en cuando yo lo haga por ti. No me pidas explicaciones, ni mucho menos preguntas que no pueda dar.


Entonces te veo partir, y en cada paso que das un recuerdo me susurra lo mucho que significaste en mi vida. Te alejas, y contigo se van los mejores años, los mejores pasajes de un libro que continúa escribiéndose y una obra que sigue su curso sin uno de sus más queridos personajes. Te vas, y ahora no se nota el blanco y negro de la escena que presencio. Te vas ante la impotencia que siento al no poder hacer un pacto con el tiempo para lograr que te quedaras un minuto más.
Me diste un apretón de manos y esperabas que nos encontráramos de nuevo en esta vida. Sin embargo tu deseo queda sólo en eso justamente, unas palabras eclipsadas por la desolación que significa perdernos por el horizonte del mañana. Por la incertidumbre de qué haremos y cómo terminaremos realizándonos como personas. Tú, un hombre que ya cursa la barrera de los treinta, y yo un adolescente que se convierte en hombre, aunque no sepa aún las dificultades de la vida.

Lamento haber sido una decepción. Me entristece saber que esperabas algo más de mí, como amigo, como persona. Te pediría un porqué a tu alejamiento, a tu frialdad a la hora de tratarnos personalmente, o por medio del teléfono. Tu tono de voz nunca volvió a ser el mismo de aquel noviembre donde celebramos un aniversario más de amistad. ¿Hablar de nuevo? No gracias, es en vano. Cuántas veces lo hicimos, cuántas promesas dimos en aras de un sentimiento que perduré más allá de los tiempos, más allá de las distancias. ¿Desear volver a escuchar tu voz? Lo lamento pero ya olvide cómo era.

No habrán cartas de por medio, mucho menos postales del lugar donde estemos. Tan solo quedarán los recuerdos esporádicos de qué será de nuestra vida, y del cómo nos encontraremos. Los años y las tempestades nos cambiarán, nuestros ojos observarán con tristeza las intransigencias de la muerte que nos rodea, del olvido que atrapará a más de uno de nuestros seres queridos. Al mismo tiempo, también observaremos con nostalgia los Deja vu que nos traerán de vuelta los momentos con nuestros seres queridos, con nuestras viejas pasiones.
Más tarde, cuando ya estemos en el lecho de nuestra muerte, de esa siesta de la cual no despertaremos, nos recordaremos por un instante pensando en qué fue del otro.

En cada diámetro de mi piel, están inscritas las llamadas que no respondiste, o no quisiste contestar. En mis retinas se vislumbran todavía las visitas que nunca realizaste en desmedro de una espera que continúa hasta hoy. Una espera que perduró gracias a la esperanza que se acuñaba en un deseo de verte nuevamente y saber que estabas ahí, y todo esto no era más que una simple molestia. Lamentablemente nunca retornaste por el umbral de aquella puerta que hasta el día de hoy siempre estuvo abierta para ti.

Ya no estaré para reclamarte un cariño, mucho menos una atención para ese tiempo, en el cual me recuerdes intempestivamente. Ya los puntos suspensivos que trataba de ponerle a nuestro breve relato se habrán convertido en un seco y cortante punto final. A pesar del término que aparentemente se vislumbra escrito, podrás darte cuenta de la ternura y el dolor con el que está impregnado aquel punto. Sin importar la oscuridad de su color, los mil trazos del que este compuesto para intentar captar tu atención sabes que en el fondo de aquella oscuridad se encuentra el umbral de aquella puerta que permanece abierta esperando a que te aventures a penetrarla, vuelvas a la estancia que te espera eternamente, intentado recobrar aquello que nunca se debió borrar.

viernes, 1 de enero de 2010

Todos somos


Todos somos lo que ayer añorábamos ser. Todos somos lo que algún día despreciamos, lo que en el pasado veíamos como una muestra de decadencia y del más profundo rechazo. Hoy, todos somos justamente eso, la conformación entre el ideal del hombre perfecto y el reflejo de la escoria de la sociedad. Hoy todos somos aquel hombre o mujer sin rostro que es sinónimo de repudio o de éxito. Hoy todos somos aquel cúmulo de habladurías de quienes nos conocen a cabalidad o simplemente de aquellos que hablan por la primera impresión. Hoy, por fin nos vemos como el lienzo terminado por aquel timorato pintor inexperto que temía por su obra terminada. Hoy nos vemos desnudos ante el escenario de la vida, de aquella vida que se nos muestra rauda, feroz e intimidante. Hoy nos mostramos ante aquella vida deslumbrante, llena de amor, de amistades, de sorpresas, de ilusiones y sueños que aparecen tras cada minuto de vida.


De un momento a otro nos convertimos en aquel hombre o mujer que nunca pensamos ser, nos vemos frente a nuestro pasado incrédulos por el cambio. Le preguntamos a Fulano y a Mengano si hemos cambiado, si somos mejor o peor persona de la que éramos hace solo un instante. Nos importa las impresiones de los demás, saber cuanta aceptación o repudio podemos generar. Queremos tranquilizar nuestro ego y calmar nuestro “buen concepto” sobre lo que somos en realidad. Luego nos cuestionamos acerca de las personas a las que le preguntamos por nuestra manera de ser. Reflexionamos sobre quienes son. Los juzgamos, recordamos, inventamos, y finalmente calificamos. Entonces decimos: Pensar que antes era aquel mi mejor amigo/a. Cómo imaginarme que aquella frívola y egoísta mujer, que aquel petulante, inmaduro e impávido hombre fuese la persona a quien le confié y con quien compartí los momentos más trascendentales de mi vida.


Cómo pensar todo aquello.


Es entonces que la impotencia se apodera de uno, los sentidos se nublan, la mente comienza a deteriorarse, los recuerdos van y vienen formando una cruenta laguna mental de la cual emanan los actos de hoy. De pronto se habla y escribe por despecho, por enfado, por odio, por ira, por rencor y tristeza, Pues uno se halla en un sitial de confusión, de incredulidad al verse convertido en lo que antes uno repudió y ahora era. Preguntamos al vacío en qué momento cambié, y le imploramos al tiempo que nos recuérdame en que momento los demás cambiaron