No hay necesidad de abrirla.
Se está seguro aquí adentro.
- No tengo miedo.
-
Estoy preparado para todo.
-
No deseo que las miradas de extraños me
atreviesen, que penetren mi intimidad, que
me desnuden.
-
Te lo repito, no tengo miedo, me siento seguro.
Vamos, adelante.
-
Déjame en paz. No abras la puerta. Hoy me irrita
el mundo.
-
Tengo paz. No siento angustia alguna.
-
No la abras. No quiero que la brisa fría del
pasadizo entre a mi habitación. No quiero
despertar a mis sentidos.
-
No tengo miedo. ¡No lo tengo!
-
¡Aleja tus manos de la perilla! Detente, detente
por favor.
-
No tengo fantasmas que me atormenten. Puedo
hacerle frente a la vida.
-
¡No! Te lo ruego. No soy capaz
-
¿Capaz de qué?
-
¡BASTA!
-
Deja la puerta cerrada. No la abras, no se la
necesita abierta.
-
La puerta se abrió.
-
Reacciona. Estás vivo.
-
Estoy indefenso.
