Azucar sin Sal

Azucar sin Sal

sábado, 11 de mayo de 2013

La puerta está cerrada.




No hay necesidad de abrirla.  Se está seguro aquí adentro.

-          No tengo miedo.

-          No la abras, por favor. No quiero estar vulnerable.


-          Estoy preparado para todo.

-          No deseo que las miradas de extraños me atreviesen, que penetren mi intimidad, que 
       me desnuden.

-          Te lo repito, no tengo miedo, me siento seguro. Vamos, adelante.

-          Déjame en paz. No abras la puerta. Hoy me irrita el mundo.

-          Tengo paz. No siento angustia alguna.

-          No la abras. No quiero que la brisa fría del pasadizo entre a mi habitación. No quiero   
       despertar a mis sentidos.

-          No tengo miedo. ¡No lo tengo!

-          ¡Aleja tus manos de la perilla! Detente, detente por favor.

-          No tengo fantasmas que me atormenten. Puedo hacerle frente a la vida.

-          ¡No! Te lo ruego. No soy capaz

-          ¿Capaz de qué?

-          ¡BASTA!

-          Deja la puerta cerrada. No la abras, no se la necesita abierta.

-          La puerta se abrió.

La puerta está abierta.


-          Reacciona. Estás vivo.

-          Estoy indefenso.


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