Azucar sin Sal

Azucar sin Sal

viernes, 1 de enero de 2010

Todos somos


Todos somos lo que ayer añorábamos ser. Todos somos lo que algún día despreciamos, lo que en el pasado veíamos como una muestra de decadencia y del más profundo rechazo. Hoy, todos somos justamente eso, la conformación entre el ideal del hombre perfecto y el reflejo de la escoria de la sociedad. Hoy todos somos aquel hombre o mujer sin rostro que es sinónimo de repudio o de éxito. Hoy todos somos aquel cúmulo de habladurías de quienes nos conocen a cabalidad o simplemente de aquellos que hablan por la primera impresión. Hoy, por fin nos vemos como el lienzo terminado por aquel timorato pintor inexperto que temía por su obra terminada. Hoy nos vemos desnudos ante el escenario de la vida, de aquella vida que se nos muestra rauda, feroz e intimidante. Hoy nos mostramos ante aquella vida deslumbrante, llena de amor, de amistades, de sorpresas, de ilusiones y sueños que aparecen tras cada minuto de vida.


De un momento a otro nos convertimos en aquel hombre o mujer que nunca pensamos ser, nos vemos frente a nuestro pasado incrédulos por el cambio. Le preguntamos a Fulano y a Mengano si hemos cambiado, si somos mejor o peor persona de la que éramos hace solo un instante. Nos importa las impresiones de los demás, saber cuanta aceptación o repudio podemos generar. Queremos tranquilizar nuestro ego y calmar nuestro “buen concepto” sobre lo que somos en realidad. Luego nos cuestionamos acerca de las personas a las que le preguntamos por nuestra manera de ser. Reflexionamos sobre quienes son. Los juzgamos, recordamos, inventamos, y finalmente calificamos. Entonces decimos: Pensar que antes era aquel mi mejor amigo/a. Cómo imaginarme que aquella frívola y egoísta mujer, que aquel petulante, inmaduro e impávido hombre fuese la persona a quien le confié y con quien compartí los momentos más trascendentales de mi vida.


Cómo pensar todo aquello.


Es entonces que la impotencia se apodera de uno, los sentidos se nublan, la mente comienza a deteriorarse, los recuerdos van y vienen formando una cruenta laguna mental de la cual emanan los actos de hoy. De pronto se habla y escribe por despecho, por enfado, por odio, por ira, por rencor y tristeza, Pues uno se halla en un sitial de confusión, de incredulidad al verse convertido en lo que antes uno repudió y ahora era. Preguntamos al vacío en qué momento cambié, y le imploramos al tiempo que nos recuérdame en que momento los demás cambiaron

4 comentarios:

  1. eso de preguntar.. en qe momento cambiamos! xD es demasiado ciertooooooooo

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  2. me encanto!!!

    Me encanta como escribes alonsin!
    Lo sabes!... :):):)

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  3. Tienes todas las palabras correctas para llegar a un punto en que es la realidad de la vida

    Te felicito por el blog

    Anònimo

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