Porque es ahora cuando pienso dejar lo único que me aferraba a la vida. Porque ya no hay nada qué escribir.
Y es ahora cuando se cierra una etapa en "algo que no se puede llamar vida".
Y las musas han caído una tras otra sin que el artista pueda expresar ya sentimiento alguno. Sin tinta para escribir, ni una dedicatoria para culminar una obra, el artista ha muerto en vida. Colgando su alma en un viejo perchero, su abatido y pesado cuerpo se presta a salir de sus aposentos porque ya no le quedan más personas en quienes pensar para lograr concebir nuevos seres o nuevos escenarios. Todas las musas han caído y sus cuerpos cubren por completo el piso parqué del departamento 126. Sí, ese piso parqué que alguna vez albergo mil y un bailes al sonido melodioso de las voces de aquellas mujeres que lo habían hecho feliz en esta tierra maldita. Siendo incapaz de amar, aquel artista había logrado masturbar su corazón gracias a la ternura que las musas le otorgaban en medio de sus catarsis a las 6 y cuarto de la tarde. Durante los 7 días de la semana aquel artista tocaba el cielo y sentía que Dios realmente existía. Durante su cuarto de hora bendito podía amagar a su destino y sentirse un hombre libre dentro de Soacha.
Sin embargo, ahora que abre los ojos y se da cuenta de la realidad, tiene que admitir que palpita por última vez. Las musas han caído y la sangre todavía se escurre lentamente de sus cuerpos inertes. Las pieles color canela, cobre, y negro azabache poco a poco empiezan a cubrirse de un púrpura propio de un anochecer en Soacha. Aquellas miradas enternecedoras son ahora un triste vacío que sólo refleja el más allá. Ya no existirán mas carisias ficticias, ni declaraciones propias de un ser que necesitaba amar.
Las musas han caído y el artista se encuentra ya sin emociones. La tristeza le había dado paso a la resignación, la alegría se había esfumado con la utopía de la esperanza, y el odio se había convertido en una pálida indiferencia. Las musas han caído y el artista es incapaz de reaccionar.
Y es ahora donde la imagen de los cuerpos voluminosos - donde el peso y la estatura actuaban como adecuados afrodisiacos- no será necesaria para que el artista pueda embarcarse en el placer de la masturbación, acción que le es necesaria para tallar sus esculturas, escribir sus versos o pintar sus cuadros. Hoy, cuando ya no hay más cuerpos que mirar debido a que ya todas las mujeres se fueron, el artista se queda con la mirada fija en el único recuerdo que tiene de ellas: las prendas baratas que había comprado meses atrás para colocarlas en los maniquís de segunda mano que adornaban su sala y comedor. Las musas se fueron una tras otra y dejaron a un hombre cuerdo en un campo sin lógica donde los lápices se yerguen como árboles eternos, los relojes se alzan como estrellas majestuosas, todos indicando una hora diferente pero otorgando un ordenado tic tac que llena cual cántico de los grillos la atmósfera del día.
Las musas han partido dejándolo en medio de un mar de bilis, renegando por la homogeneidad que sacude su vida a cada instante. Ahora es impensado que presente alguna señal, por más mínima que sea, de aferrarse a alguna ilusión de transformación o tal vez, y por qué no, de sublevación ante la decadencia que lo cubre. Las musas se habían ido y ya no quedaba ni el más mínimo recuerdo del gran artista que había sido.
Fotografía: Luciana G.P
Camarada siempre hay un motivito para escribir, ya sea de lo que vemos y sentimos o de lo que quisiéramos ver y sentir. Que la llame no se apague!
ResponderEliminarQuizas no hay motivos para escribir peor existen razones que poco elocuentes nos pueden llevar a plasmar nustros deseos ideas y demas
ResponderEliminarla inspiración no es algo que pueda morir, la llama de la inspiración por más mínima que sea siempre permanecerá. La cuestión es encontrarla dentro de ti mismo
ResponderEliminarSi no hay musas como publicaste esto?
ResponderEliminarSi las musas se llevaron tus emociones...¿Entonces qeu es la resignación?
NO NECESITAS DE ESAS PUTAS PARA ESCRIBIR