Azucar sin Sal

Azucar sin Sal

domingo, 16 de mayo de 2010

El fruto de Teresa


Sus manos pasaron lentamente por las blancas sábanas que la envolvían. Abriendo los ojos visualizó un cielo color lavanda que cubierto a medias con hileras de nubes le daba la bienvenida a una nueva jornada. Una leve sonrisa a medias se esbozó sobre su tierno rostro que aún conservaba la tranquilidad de su sueño. Estaba despierta pero aún inmersa en la telaraña de sus pensamientos que conservaban tintes de abstracción propios del mundo de Morfeo.


Una amalgama de tenues luces se traslucía por la mampara de su habitación invitándola a despertarse por completo de sus sueños, confabulando para levantarla de sus aposentos y lograr que se pusiera de pie. La tarea era difícil y es que toda la legión de seres que nacían por obra y gracia de sus pensamientos no estaban dispuestos a dejar partir a su Creadora. Además, existen días en los que dormir significa abrirse a la realidad, y en los que despertarse significaría estar dentro de una ficción. Ella no estaba dispuesta a vivir una mentira más.


Quien puede atreverse a señalar con absoluta seguridad que aquel amanecer no es parte de un siniestro juego de parte de nuestros sentidos que intentan cautivarnos para lograr sentir placer ocasionando así la masturbación de cada uno de nuestros miembros. Es por eso que su cuerpo se resistía a moverse, a complacer a la naturaleza, a sus sentidos. Si nadie era capaz de complacerla ¿porqué tendría ella que hacerlo?


El reloj que se encontraba a su mano izquierda se había paralizado, como la imagen de la noche anterior en la que sintió que era capaz de amar y volver a confiar. En esa noche hermosa, sin luna, ni sol, ni estrellas que estorbaran la inmensidad de la nada, sintió que la idea acerca que un beso no es suficiente, o su posterior caricia, le eran sinónimo de masoquismo. Aquella noche sintió que más que nunca quería besar y abrazar como antaño, cuando no había límites ni restricciones con sus emociones, cuando la vedas y desconfianzas al querer no existían. Y en medio de aquella noche solitaria pensó: Debe haber aquí más de una persona que prefiera la noche fría y sola, o la fría pero no tan sola.


Y de nuevo estamos en la cordillera de picos de tela que se extienden en un océano blanco como el algodón que recubre su techo, asemejándose al cielo que muchos han tratado de alcanzar inútilmente. Su cuerpo yace en silencio, y su mirada de pierde aún en ese cielo color lavanda que le recuerda la libertad que posee. Un prurito empezó a brotar desde el interior de su delicado cuerpo, un ardor proveniente desde el núcleo de su corazón empezó a devorar los rezagos de su cansancio, de su desgano. Sus ojos se abrieron por completo, sus pechos se alzaron como picos provenientes del Himalaya, su suave y perfecta piel adquirió un matiz cobrizo propio del Colorado. Y los demonios y ángeles salieron de ella despojándola de lo que hasta ese momento era. Se habían ido dejándola con una nueva vida. Es así que tomando su cámara decidió por aventurarse a las tierras de la Habana, del Cristo Redentor que todo perdona, solo con el deseo de captar con su lente las emociones, pasiones y sueños del legado de Adán. No necesita una mochila de provisiones pues ella ahora viviría de lo que la vida le otorgaría. No era necesaria una agenda programada ni mucho menos, pues los minutos, las horas, y los días equivaldrían igual.

En medio de la arena, el aroma de las novelas de Jorge Amado, las pingas y los fantasmas que atormentaron a Teresa Batista cansada de Guerra, aquella fotógrafa miraba con admiración y nostalgia los trazos de un cielo ya no lavanda sino azulado que empezaba a teñirse en el más allá de un negro comparable solo con vacío de sus ojos. Entonces pensó: Esta noche quiero sentir tus manos calientes y ansiosas, quiero que amanezca y estés aún dormido en mi pecho porque sola soy yo y contigo soy solo la mejor parte. Porque quiero imaginar que puedo querer y no olvidar, porque puedo olvidar y seguirte recordando. No había un cuerpo que una a esas manos, mucho menos un rostro al cual mirar. Tan solo era el deseo de sentir aquella presencia confortante que no era capaz de encontrar.


La habían visto por Bahía, Paraná y Río, de igual manera por las prisiones donde anduvo el Ché Guevara, siempre con la misma mirada perdida en el más allá, en el cielo color pan de oro que se alzaba en las tierras de la guerra del fin del mundo. Siempre con su cámara recorrió los caminos más inhóspitos buscando retratar la pureza del hombre. No necesitaba alimento ni mucho menos algo que beber. Su maná eran las sonrisas de los niños que corrían desnudos por los afluentes de los ríos de la zona, la felicidad de las jóvenes madres al amamantar a sus recién nacidos. Su maná era la satisfacción por sentirse viva realmente, la satisfacción por haber salido de su habitación, abrir la ventana que le reflejaba aquel cielo lavanda que creía mentira y aventurarse sin pena alguna hacia el país de las maravillas. No era Alicia, ni mucho menos, tan sólo era una fotógrafa que deseaba retratar la verdadera esencia del cielo.

Porque había dejado atrás las mentiras, a los hombres hechos de meras promesas, y sobre todo aquellas amistades interesadas y momentáneas.
Fotografía: Luciana Gonzalez - Polar

5 comentarios:

  1. Se requiere de mucha valentia para dejar atras las cosas malas, asi suene increible.

    Me encanto.

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  2. (: el cielo es el limite...mas vale pajaro que ciento volando...al que madruga dios lo ayuda...a caballo regalado no se le mira los dientes...el que quiere celeste que le cueste..xD
    weoooon queeeee melancolicooo el post brotheeer me hiciste la noche

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  3. "Además, existen días en los que dormir significa abrirse a la realidad, y en los que despertarse significaría estar dentro de una ficción. Ella no estaba dispuesta a vivir una mentira más."

    Me encanta esta parte sobre todo...
    soñar y soñar plantear nuestra propia relaidad

    esta de maravilla

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  4. muy bieeen alonsooo!!! bastante profundo me gusta :)

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  5. se nota que tratas de ir más allá de lo superficial, hay bastantes detalles precisos, pero para serte sincero no entendí mucho del texto.

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